La crítica a la Teoría platónica de las Ideas
Con esta crítica comienza su pensamiento original. Le dedicó bastante espacio en la Metafísica -libros I, VII, XIII y XIV- y en un tratado, Sobre las Ideas, que se ha perdido. Probablemente con ello intentara justificar su ruptura con la Academia. En este sentido la Ética a Nicómaco incluye un pasaje significativo:
«Han sido nuestros amigos los que han creado la teoría de las Ideas. Pero hay que seguir el parecer de que para salvar la verdad es preciso sacrificar nuestras preferencias, tanto más cuanto que también nosotros somos filósofos. Se puede amar a los amigos y a la verdad; pero lo más honesto es dar preferencia a la verdad» (I, 6, 1906 a 11).
La teoría de las Ideas partía del esfuerzo socrático por determinar y definir la esencia de las cosas (especialmente de las virtudes). Definida una esencia -«lo que una cosa es»- obtenemos su concepto general o universal.
«Sócrates no otorgaba una existencia separada ni a los universales ni a las definiciones. Pero los filósofos que vinieron después los separaron y dieron a esta clase de realidades el nombre de “Ideas”. Y de este modo llegaron a admitir como Ideas todo lo que se afirma universalmente» (Met., XIII, 4, 1078 b 30).
Este intento de atribuir carácter separado a las esencias es lo que no podía admitir Aristóteles: si las Ideas son esencias que existen separadamente de las cosas, entonces son substancias (realidades que poseen existencia independiente). En este sentido van todas sus críticas:
i) Para intentar explicar un mundo, Platón lo duplica (postula la existencia del Mundo de las Ideas, además del Mundo sensible que percibimos), y con ello hace la tarea doblemente difícil: ahora también hay que explicar el segundo.
ii) El mundo de las Ideas no permite explicar nada sobre el mundo de las cosas. Si las esencias de las cosas están separadas de las cosas mismas, es que no son propiamente sus esencias: «si fueran la esencia de las cosas, estarían en las cosas». Platón afirmó que las cosas participan de las Ideas, pero «pero decir que las Ideas son paradigmas o modelos, y que las cosas participan de ellas, no es sino pronunciar palabras vacías y construir metáforas poéticas».
iii) Tampoco las Ideas permiten explicar el origen, el devenir y los cambios de las cosas: Platón afirmó que las Ideas son “causas” de las cosas, pero es evidente que no pueden ser causas productivas y motrices (las que generan movimiento). Esta fue la razón por la que Platón tuvo que introducir la figura mítica del Demiurgo en el Timeo.
iv) Y también arremete Aristóteles contra la matematización de la teoría de las Ideas: «Actualmente las matemáticas se han convertido en filosofía, son toda la filosofía, por más que se diga que se estudian en atención ella». El recurso a las matemáticas no soluciona las deficiencias de la Teoría de las Ideas; más bien las agrava. Y termina convirtiendo al platonismo en pitagorismo.
En síntesis, la crítica de Aristóteles se centra en rechazar que la esencia de las cosas exista separada de ellas. Pero no rechaza en su totalidad la Teoría de las Ideas; sólo niega su existencia separada. Parece que, en lo fundamental, Aristóteles permanece fiel a la herencia platónica y socrática: la ciencia versa sobre lo general y universal, es una búsqueda de la esencia común que se encuentra en las cosas mismas y no separada de ellas. Éstas serán ideas claves tanto de la lógica como de la metafísica aristotélica.










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