La antropología

VI. La antropología

La evolución del pensamiento aristotélico se hace más evidente en su teoría sobre el alma (en su antropología) que en ningún otro aspecto. En un primer período defiende una visión dualista del ser humano, compuesto de alma racional inmortal y de naturaleza muy parecida a las Ideas (p.ej. en el Eudemo). Y en el Protréptico muestra una visión pesimista del cuerpo, entendido como cárcel del alma cuya liberación sólo se consigue con la muerte.

En un segundo período abandona el dualismo y adopta una especie de instrumentalismo mecanicista. Aunque todavía habla de cuerpo y alma como dos cosas distintas, ya no son antagónicas, sino perfectamente adaptadas la una a la otra. Su alejamiento del platonismo y el creciente interés por los estudios biológicos le llevan a negar expresamente la inmortalidad del alma (p.ej. en la Ética a nicómaco).

En el tercer período aplica su teoría hilemórfica (materia-forma) al ser humano y considera la psicología como parte de la física. Ahora es cuando escribe su famosos tratado Sobre el alma, donde se contienen sus nociones antropológicas más importantes.

• Parte del estudio del ser humano como un organismo vivo completo, porque las actividades que normalmente se atribuyen al alma no podría realizarlas sin el cuerpo. Por lo tanto, rechaza considerar el alma como algo separado del cuerpo. Cualquier ser vivo (animal o vegetal) debe ser estudiado como un todo completo. De ese estudio se ocupa el «físico». Y el primer paso será averiguar a qué género o categoría pertenece el objeto de estudio.
«Hay que considerar sustancias sobre todo a los cuerpos naturales, algunos de los cuales están vivos (se alimentan, crecen y perecen por sí mismos) y otros son inanimados. Por eso todo cuerpo natural vivo es una sustancia compuesta [de materia y forma]. Puesto que se trata de un cuerpo vivo, el cuerpo será el sustrato o la materia, y el alma la forma de ese cuerpo natural que posee la vida en potencia. Por lo tanto, si hay que formular una definición general del alma, que se aplique a toda especie de alma, diremos que el alma es el acto [enteléchia] primero de un cuerpo natural organizado. Así, ya no es necesario preguntarse si el alma y el cuerpo son una misma cosa, como tampoco se hace en el caso de la cera y el sello sobre ella. Si aplicamos esto a las partes de un cuerpo vivo, diríamos que si el ojo fuera un animal, la vista sería su alma. Y si el ojo es la materia de la vista, si ésta se pierde ya no hay ojo (salvo por homonimia, como un ojo de piedra o un ojo pintado). Igual que el ojo es la pupila unida a la vista, así el animal es el alma unida al cuerpo. El alma, por tanto, no es separable del cuerpo.

Todos los vegetales parecen poseer en sí mismos una facultad o un principio gracias al cual pueden crecer. El alma es el principio de las funciones, y se define por ellas, a saber, por las facultades motriz, sensitiva y de pensamiento. Así el alma es, en sentido primordial, aquello por lo que vivimos, percibimos y pensamos. Es esencia y forma, no materia o sustrato. No puede existir sin un cuerpo, pero no es un cuerpo: no es cuerpo, sino algo del cuerpo» (De An., II, 1 y 2).
• Por lo tanto, cuerpo y alma constituyen una única sustancia, y guardan entre sí la misma relación que la materia y la forma. El alma es la forma del cuerpo, pero de un cuerpo organizado (un «organismo estructurado de un modo muy particular»). Esto le lleva a considerar absurda la doctrina de la reencarnación: el alma no puede ser forma de cualquier cuerpo. Puesto que el alma es el principio de toda la actividad del ser vivo, no es nada distinto de esas funciones. «Si el ojo fuera un animal, la vista sería su alma». Es decir: cuerpo y alma no son separables. Un cuerpo sin alma dejaría de ser un animal o un organismo vivo. Y un alma sin cuerpo no sería nada. Queda excluida, por tanto, la preexistencia del alma o su existencia más allá de la muerte.

• Mientras Platón distinguía tres partes en el alma, Aristóteles defiende la unidad del alma y la sitúa por todo el cuerpo, no en partes concretas. La insistencia en la unidad total del ser vivo implica que no es el alma la que siente o piensa, sino todo el ser humano gracias al alma. Pero sí le asigna funciones al alma: [1] Función nutritiva o vegetativa (incluye las funciones de crecimiento, nutrición y reproducción); [2] Función sensitiva (superior, de la que derivan la función apetitiva, los deseos, las percepciones y la función motriz); [3] Función pensante (tiene la capacidad de pensar y entender. Incluye dos principios, uno activo [entendimiento agente] y otro pasivo [entendimiento paciente]. El alma vegetal posee sólo la primera, el animal también la segunda, y el alma intelectiva humana las tres. En Aristóteles, el conocimiento es «humano»: es toda la persona -cuerpo y alma- la que conoce, no sólo su alma. No existe conocimiento independiente del cuerpo. Además, todo conocimiento humano será mezcla de conocimiento sensible (viene del cuerpo, de los sentidos) y conocimiento intelectual (procede del alma racional). Esta reflexión implica una visión jerárquica de los seres vivos y de sus almas correspondientes.

• La negación de la inmortalidad es una consecuencia obvia de la doctrina aristotélica sobre el alma humana, en línea con el pensamiento mayoritario de la época (dentro del cual Platón y los pitagóricos constituían una excepción). Sin embargo, del intelecto agente afirma Aristóteles que es una función especial del alma, separado, inmortal y eterno. Esta idea dio muchos quebraderos de cabeza a los intérpretes. Algunos afirman que se identifica con Dios (Alejandro de Afrodisia, s. III d.C.) y otros que es la razón divina presente en el hombre (Avicena, s. XI). Pudo ser también un resto del platonismo inicial de Aristóteles.

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